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De vez en cuando tú

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Ella pensaba en él, de vez en cuando.

Él, cuando pensaba en ella, lo hacía una y otra vez.

Cada vez que te pienso me sabe tu boca.

Cada vez que te sueño me surgen versos.

Palabras suaves,

caricias leves,

susurros pequeñitos.

Arrullos de madrugada,

brisa envolvente,

aroma dulzón.

De vez en cuando.

Una y otra vez.

Tú.

La piel de mi cuerpo

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Tu ausencia me trajo paz, equilibrio, tranquilidad.

Y me dejó el alma inquieta pero serena.

Tardé en escribir los atardeceres sola

y las noches en soñar dulce.

Y fui desnudando lentamente mi piel

de tu recuerdo.

Anduve en cueros,

aún camino a medio vestir.

El tiempo, bendito tiempo,

hará surgir de nuevo

la piel de mi cuerpo.

No me amabas

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¡Qué bien besabas!

Pero el último beso,

aquel que no me diste,

me rompió el corazón.

No te perdono la ausencia.

No perdono tu olvido.

Y mucho menos

aquel desolado adiós.

La tarde lluviosa,

tu espalda recorriendo

el oscuro andén.

No me querías.

Yo no lo dije y callé.

Volvía a perder el tren.

El tiempo sin ti

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El tiempo pasa inexorable.

Camina rápido, camina lento, camina en mi contra.

Tu ya eres el pasado de mi pasado, que cuando asoma me pone triste.

Si te olvido, me distraigo.

Cuando me distraigo, te añoro.

Y si te añoro, me ahogo.

Así, te reduzco a ser una mota,

algo insignificante,

al pasado de mi pasado,

porque necesito avanzar

el tiempo sin ti.

Tantas palabras

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Tantas palabras escritas en el tiempo, tantas dedicadas a ti, a tu sombra, a tu recuerdo, a tu ausencia y al no-olvido.

Y tan pocas para mi, a mi esencia, a mi presencia, mis fuerzas y debilidades. Mis contradicciones, mis locuras expuestas, mi seriedad impuesta.

Escribir de ti, que ya no estás.

O escribir de quien sigue aquí, girando cual espiral inquieta.

Piel adentro

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Te he buscado por las calles de Madrid,

entre los callejones y los estrechos pasajes.

En la plaza de Santa Ana, frente a la estatua.

Y en el Jardín del Ángel.

He paseado la rosaleda del Botánico,

buscando en todos ellos tus ojos morenos,

tu cálida piel.

Buscándote a ti.

Pero sólo te encuentro piel adentro,

solo estás dentro de mi.

Volver a pensarte

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Hoy he echado de menos quererte.

Si, ya sabes, eso de besarnos, acurrucados entre las sábanas, darte los buenos días.

Las buenas noches, amor …

Tener ganas de vernos y decírnoslo, apurar nuestros encuentros hasta el último minuto.

¡Corre, que es muy tarde!

¡No te olvides de llamarme!

¡Un beso más!

Deja que recuerde el aroma de tu pelo, la seda de tu piel, deja que te recuerde como fue.

Hoy he echado de menos que me quisieras.

Hoy he vuelto a pensarte a ti.