Una llama vacilante

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Fuiste un querer.

Ahora eres el verso

que llena mi copa,

el desaire que nubla mi ceño,

la melancolía que abriga el invierno.

Fuiste un amor.

Hoy, un remitente sin sello.

La carta vacía y rota

en el fondo de un sueño.

Un deseo, una caricia,

un recorrido lento.

Fuiste la luz

en un oscuro intermedio.

Una llama vacilante

apagada antes de cumplir su tiempo.

Mi corazón tiende a infinito

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Entiendo el amor, yo misma he amado sin medida. Y entiendo a los que se aman con locura y fiereza, con premura y deseo mal contenido.

Veo el amor en los demás y sonrío, como quien recuerda aquel rincón chiquito de la niñez, el aroma de un bosque en otoño o el sonido de las aguas de un río correr.

Pero creo que he amado tanto que el amor se acabó para mi. Que agoté lo que me correspondía cuando mi corazón creía tender a infinito.

Por eso no te busco y no me dejo encontrar.

Me escondo en mis soledades, me abstraigo en mis pensamientos, me aislo de cualquier atisbo de infinito amor.

No me amabas

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¡Qué bien besabas!

Pero el último beso,

aquel que no me diste,

me rompió el corazón.

No te perdono la ausencia.

No perdono tu olvido.

Y mucho menos

aquel desolado adiós.

La tarde lluviosa,

tu espalda recorriendo

el oscuro andén.

No me querías.

Yo no lo dije y callé.

Volvía a perder el tren.

El tiempo sin ti

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El tiempo pasa inexorable.

Camina rápido, camina lento, camina en mi contra.

Tu ya eres el pasado de mi pasado, que cuando asoma me pone triste.

Si te olvido, me distraigo.

Cuando me distraigo, te añoro.

Y si te añoro, me ahogo.

Así, te reduzco a ser una mota,

algo insignificante,

al pasado de mi pasado,

porque necesito avanzar

el tiempo sin ti.

Tantas palabras

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Tantas palabras escritas en el tiempo, tantas dedicadas a ti, a tu sombra, a tu recuerdo, a tu ausencia y al no-olvido.

Y tan pocas para mi, a mi esencia, a mi presencia, mis fuerzas y debilidades. Mis contradicciones, mis locuras expuestas, mi seriedad impuesta.

Escribir de ti, que ya no estás.

O escribir de quien sigue aquí, girando cual espiral inquieta.

Creyéndonos a salvo

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Hasta qué punto se puede dejar al margen la parte del corazón dañada.
Cómo hacerlo para no involucrar a las almas.
Dejar que sigan siendo viajeras, que crucen sus caminos con otras afines, dejando su impronta en un roce ligero de alas.
Acaricias las mías con la suavidad de un alma conocedora de las rugosidades que pueden dañar.
Rozo tu piel con la levedad del tacto que no quiere doler.
Creyéndonos a salvo.
Sabiéndonos cautivos.

Tu, mi ayer

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Tu, mi ayer, me has hecho crecer y volar.

Soñar y permanecer dormida, siempre en tránsito,

siempre dolida,

incapaz de restañar mis múltiples heridas.

Mi ayer, libérame,

devuelve el vuelo a mis alas,

hazme creer que todo es posible

y recuérdame, a menudo,

cuan dulce puede ser la vida.