Archivos Mensuales: febrero 2020

AMor del buENo

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Fue divertido y emocionante. Querernos y echarnos de menos.
Y volvernos a querer.
Fue la intensidad a llenarse de vacíos y eso,
eso solo lo equilibra el amor.
Amor del Bueno.
Y ya sabes que de eso no había.
Sólo intensidad, emoción, diversión.
Tanto que aún te echo de menos.
Corrí para decírtelo, para volvernos a querer y esta vez hacerlo bien, pero tú ya no estabas, te habías disuelto en el más absoluto e intenso vacío.

Salto al vacío

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Te busco y no te encuentro, sé que ya no estás. Te has perdido entre miles de palabras escritas, en historia del arte de vivir, en prosas y rimas de andar por casa, en mi poesía doméstica, hecha entre pucheros y especias, llanto, lágrimas, amor y mucho corazón.
Pero sobre todo te has perdido en los silencios, en lo que callo y no escribo, en lo que te pienso.
Y en las cicatrices de un corazón funambulista y loco, que en su último salto al vacío olvidó extender la red.

Lo que a ti te pesa, a mí me da la vida

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Te fuiste ligero de equipaje, aunque hubieras cargado cien camiones con tus maletas hubieras seguido yendo ligero.

Porque lo que te pesaba, lo que te abrumaba de verdad eran los niños, nuestro perro, que ya murió mi pobre amigo, el jardín, nuestra casa, nuestros proyectos, tuyos y míos, alimentados durante años de risas y sueños compartidos.

No llegaste a ver que lo que a ti te pesaba a mí me daba la vida. Los niños, creciendo. El perro, que aún vivió varios años, me adoraba y yo a él. Me hizo mucho bien y me acompañó en las largas noches de soledad sin separarse de mi.

¿Lloraste cuando te dije que había muerto? Seguramente no. Yo si, lloré por su pérdida, aún hoy le añoro y me gustaría tenerle a mi lado, dormirme acariciándole su cabeza mientras nos relajamos los dos.

Nos abandonaste, te abandonaste, me abandonaste. Eso que hacen los cobardes y los pobres de espíritu.
Y ni siquiera has conseguido ser ni más libre, ni más feliz, ni más fuerte de ánimo.

Hoy recuerdo – La reina de tu reino

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(2 de junio de 2016)

Prometiste que no lloraría.

Y mírame,

aquí me tienes,
llorando como una niña.

Juraste cuidarme
y no complicarme la vida.
Y mírala,
la llevo a cuestas.
Y a rastras algunos días.

Dijiste que la reina
de tu reino sería.
Y míranos,
somos reyes destronados
de un país de fantasía.

Prometiste que no lloraría.
No me mires.
Frente a ti nunca lo haría.