Archivos Mensuales: septiembre 2016

Entre sábanas

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Y si te quedas conmigo y velas mis sueños
pesadillas de humo y ceniza
y me abrazas con tu calor cuando el frío arrecie
arropada entre piel y caricias
si tomas mi mano con fuerza cuando desfallezco
por las heridas que no cicatrizan
esos días que me vienen grandes
de noches oscuras y resbaladizas
y si amoldamos nuestros cuerpos
entre sábanas de miel y delicias

Escrito en el tiempo 

Estándar

Decían las malas lenguas
que no sería duradero,
que nada es para siempre
y nadie daba un duro por ellos.

Decía la mala gente
que nunca se quisieron,
que su amor era esclavo,
cautivo y prisionero.

¡Qué equivocados estaban!
¡No saben del amor verdadero!

Desconocen que han hecho un nido
de plumas y terciopelo,
refugio de habladurías,
de maldades y desprecios.

Que su amor es más antiguo
que el mundo,
trasciende de sus mentes
y de sus cuerpos.
Que se aman desde siempre
y en los siglos venideros.

Está escrito en las estrellas,
en las lunas, en los cielos.
Está en sus almas,
entre sus pieles, en su pecho.
Está escrito en el tiempo.

Alma a la fuga

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Tuvo una fuerte sensación. Sintió próxima la despedida.
Pero lo que ocurrió no era lo que esperaba.
Mientras sus cuerpos permanecían juntos, su alma empezó a alejarse decidida.
Se despidieron como tantas otras veces, sin embargo, ya nada volvería a ser lo mismo.
Apagó las luces. Echó la llave.
Apoyó la frente en la cerrada puerta y dejó a su alma decirle adiós.

Letras simplemente encadenadas 

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¿A quién quiero engañar? ¿A quién si no a mí?
¿Quién dijo que dejar atrás el pasado fuera a ser fácil? Yo me he oído tantas veces decirlo que hasta llegué a creer que podría conseguirlo.
Y no es posible. En mi vida, al menos, no lo es.
Demasiada porquería, demasiadas mentiras, demasiado en juego.
Demasiada sensación de fracaso vital.
De luchar contra imposibles. De medir las palabras, los sentimientos, de volverme loca intentando reinventar un presente.
Demasiados obstáculos.
Al final todo termina por salir.
Todo lo mediocre, lo más mezquino, todo lo que odio sube a la superficie.
Y me cargo lo bonito, destruyo en lugar de construir. Es como si algo en mi interior me dijera que no merezco ni una pizca de felicidad. Que no merezco ser feliz. Que hablo demasiado, que pienso demasiado. Que todo es demasiado.
Mis neuras, mis miedos, da igual si son justificados o no, no tengo excusa. No la hay. No la tengo.
Debería quedarme quieta, parada, estática, callada. Pero simplemente no puedo. Si tiro para un lado, malo. Si voy para el otro, peor.
Lo malo es que en esta huida hacia delante me llevo todo lo que encuentro a mi paso.
Para que no me hagan daño, hiero.
Para no sufrir, lastimo.
Para no llorar después, lo hago ahora.
Nada tiene sentido. Ni siquiera estas letras encadenadas lo tienen.

El rumor del viento

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Cuenta ausencias en amores que no fueron,
fracasos, rupturas, instantes que de la nada surgieron.
De aquéllo que pudo nacer y entre ambos lo murieron.
De todo eso se escribe, de todo lo que fue cierto.
De mucho que no existió y quedó varado en puerto.

Cuenta las pisadas y sus ecos,
los latidos encadenados en los pechos prisioneros.
Las espinas que salvaron tras cada encuentro.
Requiebros de enamorados en lechos pasajeros.

Cuando el reloj de las doce abrazará los silencios
y contará cómo se amaron al rumor de los cuatro vientos.
Al son de los amaneceres girarán los recuerdos
en torbellinos cálidos de dulce aliento.

El más duro y frío corazón 

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No quiero ser el renglón torcido de nadie, la duda, la congoja. La lágrima hueca y vacía.
No quiero ser problema ni solución.
Ni suerte ni lotería.
Tener que esperar la ocasión.
Ser el momento inoportuno,
fracaso obligado de una relación.

No quiero ser la causante de culpas, ni golpes de pecho en la trastienda del desamor.
Ni dejar que el cerebro analice y diseccione porqué no funcionó.

No fue el momento, no fue la hora, los astros no estaban en conjunción.

Yo sólo quiero dejar volar la imaginación, que la madrugada nos sorprenda y sólo la luz del sol se abra paso entre tú y yo.
Que las caricias, al trazo de los senderos, sean pura intuición.
Y los besos únicamente obedezcan a la más firme sinrazón.

Y es que lo único que yo quiero es liberar de todas sus ataduras al más duro y frío corazón.