Archivos Mensuales: enero 2016

Palabras que quieren verse escritas

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Salí de casa con un sol radiante y volví con una luna llena de besos, con la piel plagada de caricias y tu sonrisa de bésame otra vez…

Gracias por un domingo de vino y música, por dejarme tu sitio favorito en el sillón, por arroparme, por abrirme la cancela de tu ventana.

Gracias por recostar tu cabeza en mi regazo y dejarte mimar por mí, mientras me cuentas, mientras te escucho. Por sentarme en tus rodillas y dejarme trepar hasta tus caderas. Por enseñarme tus puntos, los fuertes y los menos fuertes. Por enseñarme los míos, por susurrarme palabras que nunca oí.

Gracias por tener paciencia conmigo, cuando no supe estar a la altura. Por tu generosidad, por dejarme arreglar el descuadre de un portazo mal dado. Por no pedirme nada y sin embargo darme todo, aunque juegues a mantener las distancias.

Gracias por tu pasión, por contagiarme tu fuego. Por despertarme, por hacerme recordar quien fui y quien soy. Por encenderme cuando creí que nunca volvería a arder.

Gracias por arriesgarte, por no arrepentirte, por compartir tus miedos y mezclarlos con los míos. Por hacerme ver que hay vértigos que se superan y temores que hay que enfrentarlos.

Por tu tiempo, por estar ahí, por dejarme estar.

 

 

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Para despertarte a besos

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Debajo de la almohada te he dejado un montón de achuchones, de piernas entrelazadas, de besos húmedos y labios enrojecidos, de caricias, roces y embestidas. Un chorro de piel ardiente y dos bocas que no se cansan de buscarse.

Te he dejado lo prohibido, lo más íntimo y desnudo. Te he dejado a nosotros, a ti y a mí, y el mundo aparte entre ropa revuelta y espirales.

¿quieres jugar?

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Volvemos a estar en la casilla de salida, nos han comido, han contado veinte y vuelven a tirar. Y siguen avanzando sin mirar atrás.

Nosotros no tenemos ninguna prisa. Y jugamos al revés. Tú me comes la boca y yo pierdo la cuenta. Yo te como a besos y no te dejo ni contar.

Por cada beso te debo veinte. O treinta. ¡Qué más da! Si tú por cada noche, me debes una más.

¿Quieres jugar?

Tempestad

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Pete Rumney – Lluvia sobre Nueva York

Si fueras relámpago, iluminarías mi noche y encenderías las candelas de mis ojos.

Si fueras lluvia empaparía mi cuerpo de ti para hacerme río y ser mar.

Si fueras viento, azotarías en mi ventana hasta abrirla, para envolverme en tu abrazo de fresca brisa.

Si fueras tempestad rugirías hasta ceñirme en tu remolino de olas.

Pero si no eres el relámpago, la lluvia, el viento, la tempestad, yo seré el fuego, el rayo y la tormenta que aplaque tu torbellino.

 

Ahora

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Ahora que las luces de la Navidad ya se han apagado, que el brillo de estos días no nos ciega los ojos.
Ahora que vuelvo a guardar mi vida en un bolsillo, envuelta entre celofanes. Y saco mi otra vida, la del papel de periódico, la que no es tan chula, la de andar por casa, la que te abre el corazón por las costuras y las descose a tirones. La que te hace ver que se acabó la chulería, que no has dado ni un pequeño mordisco a este mundo cuando salías a comértelo entero. La que borra sonrisas imborrables y difumina rostros y voces. La que me dice y me recuerda que ni se me ocurra enamorarme, que el amor duele y ya nos ha hecho bastante daño por esta vida.

Y la que me escribe en el espejo que quizás no estás hecha para que te amen.

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A miles

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Derramo miles de espirales por la casa. Las dejo en el perchero y en la cinta de las cortinas y se enredan en la reja de tu ventana.

Caen en la vela de imposible aroma que te recuerda que hoy y cada día puede ser especial.

Las dibujo en el espejo y en la mampara transparente de la ducha, para que veas de lo que es capaz una espiral.

En la taza de café, en el tarro de miel y en el azúcar moreno de tus ojos.

En la almohada y entre las sábanas para que recuerdes mi aroma y te susurren al oído palabras que no se pueden decir en voz alta.

Y derrocho espirales en tu frente, para que los sueños se vuelvan dulces, en tus párpados para que al cerrarlos descansen. En tus labios, para que tiren de ellos y evoques sonrisas.

Se detienen en tu corazón, para atemperar la cabalgada loca de tus latidos y serenarte.

Y las derramo a miles entre tus piernas, para que no me olvides y no me dejes olvidarte.