Archivos Mensuales: enero 2016

Paradojas

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cine

No puedo evitar escribir de ti. Otra vez. Pero aunque me irrite no puedo negarte en mi historia, de hecho no consigo que dejes de formar parte de ella y mira que lo intento.

Hay días que hacen años y la semana que viene será uno más. ¡Pero mira qué bien lo acabamos! Para tu memoria y la mía, hiciste, hice, hicimos coincidir los dos aniversarios en uno solo. Así es más fácil, aunque no deja de resultar paradójico y en su momento, un trago muy amargo, porque cuando recordemos uno, inevitablemente desenterraremos el otro.

Con el paso del tiempo se me muestran las cosas tan claramente como si las viera reflejadas en una pantalla de cine y estuviera viendo mi vida en color, aunque muchas de esas escenas, demasiadas, se exhiban en blanco y negro, gris…

Recuerdos

¡Con lo que te costó que me enamorara de ti! Años tras de mí, convertido en mi amigo, siendo mi sombra, mi confidente de amores y desamores, mi mal-consejero. Porque no eras tú con quien bailaba las canciones que el otro día se engancharon en las costuras de mis recuerdos. Eran otros brazos los que me rodeaban y me hacían girar, mientras tú te morías de celos y anhelos.

Pero el tiempo pasó, crecimos y sin saber muy bien, como suele ocurrir, me encontré enganchada a tu vera.

Y ese mismo tesón que pusiste para que me enamorara lo empleaste durante años en deshacer el camino y conseguir que me desenamorara con más fuerza que el mismo amor.

En esa película que a veces se me muestra, me doy cuenta de la cantidad de señales que el universo me lanzaba y sin embargo, no supe o no quise ver. Tu lado oscuro ya se vislumbraba entonces y aunque durante unos años se mantuvo a raya, siempre estuvo latente.

Al final, la oscuridad nos venció y mi luz no fue suficiente para alumbrarte. Me apagué, me agotaste. Y me dejaste sin reservas, sin brasas, sin luceros que me guiaran en el camino de vuelta.

Paradójicamente escribo al que creí que sería El Amor de Mi Vida, y resultó ser la mayor Estafa de Mi Vida. Con mayúsculas, esdrújulas, con paréntesis, puntos y aparte y por dios, con punto final.

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Palabras que quieren verse escritas

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Salí de casa con un sol radiante y volví con una luna llena de besos, con la piel plagada de caricias y tu sonrisa de bésame otra vez…

Gracias por un domingo de vino y música, por dejarme tu sitio favorito en el sillón, por arroparme, por abrirme la cancela de tu ventana.

Gracias por recostar tu cabeza en mi regazo y dejarte mimar por mí, mientras me cuentas, mientras te escucho. Por sentarme en tus rodillas y dejarme trepar hasta tus caderas. Por enseñarme tus puntos, los fuertes y los menos fuertes. Por enseñarme los míos, por susurrarme palabras que nunca oí.

Gracias por tener paciencia conmigo, cuando no supe estar a la altura. Por tu generosidad, por dejarme arreglar el descuadre de un portazo mal dado. Por no pedirme nada y sin embargo darme todo, aunque juegues a mantener las distancias.

Gracias por tu pasión, por contagiarme tu fuego. Por despertarme, por hacerme recordar quien fui y quien soy. Por encenderme cuando creí que nunca volvería a arder.

Gracias por arriesgarte, por no arrepentirte, por compartir tus miedos y mezclarlos con los míos. Por hacerme ver que hay vértigos que se superan y temores que hay que enfrentarlos.

Por tu tiempo, por estar ahí, por dejarme estar.

 

 

Para despertarte a besos

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mujer espiral

Debajo de la almohada te he dejado un montón de achuchones, de piernas entrelazadas, de besos húmedos y labios enrojecidos, de caricias, roces y embestidas. Un chorro de piel ardiente y dos bocas que no se cansan de buscarse.

Te he dejado lo prohibido, lo más íntimo y desnudo. Te he dejado a nosotros, a ti y a mí, y el mundo aparte.

Ropa revuelta entre espirales junto a un cepillo de dientes, que milagrosamente no terminó en la basura.

Porque sí

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niño yluna

Cuando en un mismo día mis oídos se ven halagados por varios “te quiero”, sin duda alguna es que hoy es un día especial.

Y si uno de esos “te quiero” viene de mi adolescente favorito, con el añadido del porque sí, es que es para pensar en volver a volar.

Mamá gallina se hincha, camina dando saltitos, despliega sus alas encorsetadas y vuela hasta la luna casi llena y se queda un ratito, retozando su felicidad.

Porque oír, un viernes gris y brumoso, a través del móvil,  “te quiero mucho, mamá”, me perfila la sonrisa y me desenreda el alma.

 

 

Compañeros

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Al que le pido canciones y me las regala cada día. Hoy “Hotel California”. Otro día, David Bowie, Paco de Lucía… somos un poco lúgubres y nos acordamos según vemos en el periódico que van muriendo.

El que me canta al oído, con su maravillosa voz, “Azzurro”, para espabilarme por las mañanas o si ve que decaigo.

El único que me regaña por mis borderíos. Y también cuando soy demasiado blanda. Él, que se enfadó conmigo al regresar la semana pasada de sus vacaciones, porque dice que debería haber tenido más paciencia, en lugar de ir dando portazos…

El que tiene pelusa si no desayuno con él y lo hago con otros. Pelusa si me río con el vasco, con el de Pamplona o con el babas de A., del que dice que siempre “ha estado por mí”. ¡Puagg!

Y el que me dice, que para él es mucho decir, que de todas las que trabajan aquí, sin dudarlo ni un momento, se queda conmigo. ¡Guauuuu! Eso sí que es un halago y lo demás son tonterías.

El que me prestó su hombro tantas veces como le lloré, aunque fuera en silencio y encerrada en el cuarto de baño. El que sigue alucinando cuando recuerda como venía a trabajar empastillada y sin embargo, no faltar un solo día y seguir casi casi como si nada estuviera pasando en mi vida.

El que me llama ¡compañera del alma! Y me lo demuestra cuando más le necesito.

Con el que me río, con quien se ríe.

Escuchando un directo de “Hotel California”, con el vello erizado, por los recuerdos. ¡Aysss! Y “New Kid in Town”.

¿quieres jugar?

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Volvemos a estar en la casilla de salida, nos han comido, han contado veinte y vuelven a tirar. Y siguen avanzando sin mirar atrás.

Nosotros no tenemos ninguna prisa. Y jugamos al revés. Tú me comes la boca y yo pierdo la cuenta. Yo te como a besos y no te dejo ni contar.

Por cada beso te debo veinte. O treinta. ¡Qué más da! Si tú por cada noche, me debes una más.

¿Quieres jugar?

Lo que sé y lo que no sé

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Cuando convives años con tu enemigo, cuando compartes la mismas sábanas, financias sus agujeros negros, sus desmanes y sus vicios y aún así la víctima siempre será él y la culpable yo, por haberle querido, protegido, cuidado, defendido ante sus molinos, que hice míos. Cuando por fin decides que tu vida vale más, que no más vejaciones, y das un portazo, de esos que dejan las puertas colgando de las bisagras, entonces ¿qué queda más que volver a empezar?

Pero ¿cómo hacerlo?, si llevas a cuestas casi toda una vida, si estás tocada, si estás marcada por la vergüenza, por la decepción, por el engaño y la desconfianza.

Ya no sé cómo soy, ni sé cómo seré.

Sé que me gusta decir lo que siento, si mis hijos están de viaje y los echo de menos, se lo digo. Si te añoro, te lo digo, aunque meta la pata y sea un error haberlo dicho.

No suelo enfadarme y cuando lo hago es en voz baja, sin grandes aspavientos. Con mis hijos me siento a hablar con ellos, les hago saber de mi enfado, pausadamente y así nos hemos ido entendiendo siempre.

Y sin embargo, me encuentro dando portazos y soltando por mi boca todo lo que me viene.

Y es que él volvió a aparecer como pájaro de mal agüero. No es excusa, es una parte de lo que ocurrió. Salí, bebí un poco y mi enfado en lugar de mitigarse, creció…

Porque cuando él se presenta, de la forma que sea, me desquicia, me saca de mis casillas, porque nunca nunca son buenas noticias. Porque jamás me dejará ir, siempre me tendrá atada a sus mentiras, su ineptitud, su dejadez, su incompetencia. No sé de qué me valdrá un papel firmado por un juez, si yo tengo que seguir pagando sus errores.

Aunque sé que ese papel servirá para cerrarle la puerta y decirle: ¡Hasta aquí he llegado! ¡Olvídate de mí!

También sé que no estoy enamorada. Puedes estar tranquilo. Y es que creo que se me olvidó mencionarlo.

Y lo que no sé es si alguna vez lo estaré.

Sé que cuando me equivoco, me disculpo. Lo que no sé es si mis disculpas llegan a tiempo y son aceptadas.

Sé que estoy cansada de tirar de carros ajenos. Lo que no sé es cómo tirar del mío.

Tempestad

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Pete Rumney – Lluvia sobre Nueva York

Si fueras relámpago, iluminarías mi noche y encenderías las candelas de mis ojos.

Si fueras lluvia empaparía mi cuerpo de ti para hacerme río y ser mar.

Si fueras viento, azotarías en mi ventana hasta abrirla, para envolverme en tu abrazo de fresca brisa.

Si fueras tempestad rugirías hasta ceñirme en tu remolino de olas.

Pero si no eres el relámpago, la lluvia, el viento, la tempestad, yo seré el fuego, el rayo y la tormenta que aplaque tu torbellino.

 

La plantilla, la tontería y otras cosas del montón

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Y es que después de dar muchas vueltas por fin encontré esta plantilla. Y es que es tan, tan… es que es tan muy, muy… es tan hortera, tan escandalosa, tan chillona, tan… YO, que me la quedo para mi.
Y así aprovecho para quitarme la tontería, la apatía, el muermo, lo añejo, los cuadernos polvorientos, lo viejuno, la inercia, el desánimo, las vueltas de hoja, las vueltas atrás, los malos rollos, la mala baba, los malos sueños, la rutina, los miedos, las indiferencias,  las miradas por encima del hombro, las de reojo, los candados sin llave, las puertas cerradas, los puentes rotos, los callejones sin salida.

Paro, ya paro.

Aunque tendría cuerda para rato y es que hoy ha salido el sol y los días de lluvia me sientan tan mal.