Archivos Mensuales: diciembre 2015

2015: lo que se lleva, lo que se queda, lo nuevo

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No empezó siendo un buen año y no tenía ninguna pinta de ir a mejorar. Los primeros meses volvieron a ser tremendos, pero a peor. Mis hijos se empeñaron en que no saliéramos de urgencias ni dejáramos a los médicos en paz.

Pero aquello pasó.

Pasó y llegó la primavera y con ella y con unas cuantas firmas por aquí y por allá, conseguí liberarme. Libre de deudas ajenas, de acreedores que únicamente me encontraban a mi, claro, ¡a quién si no!

Pero aquello también pasó y volví a conciliar el sueño.

Nos merecíamos los tres unas mini-vacaciones y por fin, después de tantos años, pude regalar a mis hijos unos días de playa. Los tres solos, sin energúmenos que nos aguaran lo que tanto necesitábamos. Y salieron bien. Las mañanas eran para mi. Paseos por la orilla del mar, salpicándome la piel de brisa y despertándome del mal sueño. El resto del día, con ellos. ¡Hacía tanto tiempo que no nos reíamos juntos!

Llegó el otoño y a mi empezaba a bullirme algo por dentro. Y en otras mini-vacaciones viajé hasta Roma. Días perfectos, noches inmejorables.

Pero yo sabía que lo mejor estaba aún por llegar. Porque 2015 termina y lo hace de la mejor manera. En libertad.

Libre para salir de mi jaula de oro y dar un pasito y otro y otro más.

Libre para probar, catar, degustar la vida y si, también para errar.

Quiero creer que en todos estos años que han pasado y han sido rescatados para mi, he aprendido.

¿Y si no ha sido así? No importa. Desconozco lo que me deparará el futuro más allá de este momento. Y como es costumbre de la casa me muevo a tientas, no llevo mapa y vivo en un puro vértigo. Por fin me he deshecho de las cadenas y empiezo a desplegar mis alas, para saborear este vuelo.

Me han regalado la mejor Navidad que puedo recordar desde hace mucho mucho tiempo.

Me han envuelto entre celofanes una parte vital de mi pasado y eso no tiene precio.

Me he visto reflejada en un espejo, con unos cuantos años menos y me he recordado a mi misma que yo puedo.

Pero el mejor regalo de todos es el que juntos estamos escribiendo.

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Espirales

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Dibujo espirales en tu piel mientras duermes.

La más caprichosa comienza en tus labios, donde te doy el primer beso, enredándote en mi lengua, para continuar, sinuosa, hasta tu garganta, donde mis dientes acarician suavemente tu piel.

Sigue contoneándose glotona hasta tu pecho bailando el ritmo loco de tus latidos. De allí, hace un quiebro hasta tu ombligo. Un beso más.

Y cimbreándose seductora se desliza con un roce hasta tu vientre, pero no se detiene y coqueta, se desdibuja hacia el lugar donde la espiral al fin se desvanece y yo te puedo volver a besar.