Tantas palabras

Estándar

Tantas palabras escritas en el tiempo, tantas dedicadas a ti, a tu sombra, a tu recuerdo, a tu ausencia y al no-olvido.

Y tan pocas para mi, a mi esencia, a mi presencia, mis fuerzas y debilidades. Mis contradicciones, mis locuras expuestas, mi seriedad impuesta.

Escribir de ti, que ya no estás.

O escribir de quien sigue aquí, girando cual espiral inquieta.

Creyéndonos a salvo

Estándar

Hasta qué punto se puede dejar al margen la parte del corazón dañada.
Cómo hacerlo para no involucrar a las almas.
Dejar que sigan siendo viajeras, que crucen sus caminos con otras afines, dejando su impronta en un roce ligero de alas.
Acaricias las mías con la suavidad de un alma conocedora de las rugosidades que pueden dañar.
Rozo tu piel con la levedad del tacto que no quiere doler.
Creyéndonos a salvo.
Sabiéndonos cautivos.

Tu, mi ayer

Estándar

Tu, mi ayer, me has hecho crecer y volar.

Soñar y permanecer dormida, siempre en tránsito,

siempre dolida,

incapaz de restañar mis múltiples heridas.

Mi ayer, libérame,

devuelve el vuelo a mis alas,

hazme creer que todo es posible

y recuérdame, a menudo,

cuan dulce puede ser la vida.

Ese desconocido

Estándar

¿Te imaginas que aún me quisieras, que aún fuera posible lo nuestro?

¿Imaginas que nos merecemos una segunda parte, nuevos capítulos de una serie cancelada antes de tiempo?

A veces lo pienso, no creas que el olvido me nubla el sentimiento.

Pero hemos cambiado tanto que no veo posible ese rencuentro.

Te veo tan raro, estás tan distinto que ya no me provocas ni amor ni deseo.

Eres ese desconocido que llenó mi cama y mi corazón un tiempo.

Piel adentro

Estándar

Te he buscado por las calles de Madrid,

entre los callejones y los estrechos pasajes.

En la plaza de Santa Ana, frente a la estatua.

Y en el Jardín del Ángel.

He paseado la rosaleda del Botánico,

buscando en todos ellos tus ojos morenos,

tu cálida piel.

Buscándote a ti.

Pero sólo te encuentro piel adentro,

solo estás dentro de mi.